|
El castillo es obra de los templarios,
terminado por los montesianos en el
siglo xiv y modificado después por
el Papa Luna. Está emplazado en la
parte más alta del peñón
a una altura de 64 metros sobre el nivel
del mar. Enfrente del patio de armas se
levanta la iglesia del castillo, antiguamente
dedicada a la Virgen María y a los
Tres Reyes Magos. Entre la iglesia y el
palacio pontificio se extiende un amplio
salón gótico. Una puerta comunica
con el palacio.
Una ciudad
en el mar
La Playa Norte es la playa de Peñíscola
por antonomasia. Con una longitud aproximada
de cinco kilómetros y 44 metros de
anchura media, alterna zonas de arena (3
km) con bolos en el extremo más alejado
de la ciudad. Se trata de una playa de aguas
tranquilas y excelentes equipamientos. En
el paseo marítimo que la bordea se
suceden cafeterías y restaurantes,
kioskos y tiendas especializadas en productos
para el sol y el baño.
La última
sierra virgen
En la costa sur se halla la sierra de Irta,
una alineación montañosa con
573 metros de altura máxima y 15
kilómetros de fachada litoral. A
Irta se puede llegar cruzando los antiguos
senderos rehabilitados recientemente con
un sistema de señalización
específico. En la sierra de Irta
puede visitarse la ermita de Sant Antoni
que data del siglo xvi.
Ciudad cultural
Peñíscola es, hoy en día,
escenario de importantes acontecimientos
culturales de ámbito internacional.
Inaugura el año el Premio de Relatos
Breves Ciudad de Peñíscola,
cuyo jurado está compuesto por prestigiosos
miembros de la Real Academia Española
de la Lengua.
El placer
del mar en la mesa
Son tradicionales en la cocina autóctona
el all-i-pebre de rape, los polpets (‘pulpitos’)
o el suquet de peix, así como los
mariscos, dátiles de mar, caracoles
puntxents (‘cañadillas’),
mejillones, caixetes, cigalas, etc. Sin
olvidar que el paladar agradecerá
probar los suculentos arroces en sus variedades
marineras, la paella y la fideuà.
Al son de
Les Danses
Las fiestas de mayor importancia se celebran
en honor a la Verge de l’Ermitana,
a partir de la noche del 7 de septiembre.
La máxima expresión de estas
fiestas son Les Danses, espectáculo
que engloba música, baile, actividades
lúdicas, etc. Les Danses están
compuestas por varios grupos que representan
a diferentes estamentos populares.
El más característico es el
de los dansants o ‘danzaires’,
por su sabor arcaico. Incluso se considera
que sus movimientos derivan de remotos rituales
agrario-guerreros propios del Neolítico.
Destaca también por la espectacularidad
de su escenografía, la colorista
fiesta de Moros y Cristianos.
|